Protectores bucales en niños: guía para escogerlos
Cuando pensamos en proteger a nuestros hijos mientras practican deporte, normalmente prestamos atención al casco, las rodilleras, las espinilleras o el calzado. Sin embargo, hay una zona que con frecuencia pasa desapercibida: la boca. Los golpes durante la práctica deportiva pueden producir heridas en los labios, lesiones en las encías, fracturas dentales e incluso la pérdida de un diente. Aunque ningún sistema puede eliminar completamente el riesgo de accidente, utilizar un protector bucal adecuado puede ayudar a reducir considerablemente las consecuencias de muchos impactos. Por este motivo, los protectores bucales son especialmente recomendables durante la infancia y la adolescencia cuando se practican determinados deportes. En este artículo explicamos qué son, qué tipos existen, cuándo conviene utilizarlos y por qué es importante elegir un protector adaptado correctamente a la boca del niño.
¿Qué son los protectores bucales y por qué son importantes en los niños?
Un protector bucal es un dispositivo fabricado generalmente con un material flexible y resistente que se coloca sobre los dientes, habitualmente sobre la arcada superior. Su función principal es amortiguar parte de la fuerza que recibe la boca cuando se produce un golpe. Durante un impacto, los dientes pueden chocar entre sí o contra otros elementos. Además, los labios y las mejillas pueden quedar atrapados entre los dientes, provocando heridas. El protector actúa como una barrera que distribuye parte de esa fuerza y ayuda a proteger los dientes y los tejidos blandos de la boca. No debe confundirse con otros dispositivos dentales, como las férulas utilizadas para determinados problemas de bruxismo. Aunque exteriormente puedan parecer similares, tienen funciones y características diferentes. Los niños suelen desarrollar actividades físicas en las que las caídas y los golpes forman parte del juego. Además, a medida que crecen comienzan a practicar deportes cada vez más intensos. Es precisamente durante la infancia cuando empiezan también a aparecer los dientes permanentes. Los primeros molares definitivos suelen comenzar a erupcionar alrededor de los seis años y posteriormente aparecen los incisivos permanentes, que se encuentran especialmente expuestos a los traumatismos. Una fractura importante en un diente definitivo durante la infancia puede requerir tratamientos y controles durante muchos años. Por tanto, proteger la dentición durante las actividades deportivas no consiste solamente en evitar una molestia momentánea. También puede contribuir a evitar problemas odontológicos de mayor duración.
¿Qué deportes presentan mayor riesgo de traumatismos dentales?
Los protectores bucales se relacionan principalmente con los deportes de contacto, pero el riesgo no se limita exclusivamente a ellos. Entre las actividades en las que puede resultar recomendable utilizar protección encontramos deportes como: boxeo; artes marciales; rugby; hockey; balonmano; baloncesto; fútbol; fútbol sala; patinaje; skateboard; ciclismo o BMX; gimnasia y los deportes de lucha. También puede ser recomendable en cualquier actividad en la que exista riesgo frecuente de caídas, golpes con otros participantes o impactos con objetos deportivos. La necesidad dependerá de la edad del niño, del deporte que practique, de la intensidad y de sus características dentales. Ante la duda, lo ideal es acudir al odontopediatra, ya que este es el especialista encargado de valorar individualmente cada caso. Por otra parte, también conviene saber que un impacto sobre la boca puede provocar diferentes tipos de lesiones. Una de las más frecuentes es la fractura dental. Dependiendo de la intensidad del golpe, puede romperse solamente una pequeña parte del esmalte o producirse una fractura más profunda. En otros casos, el traumatismo puede provocar el desplazamiento de un diente. También puede producirse una avulsión dental, que es la salida completa del diente de su alojamiento. Los labios, las mejillas, la lengua y las encías también pueden sufrir cortes o heridas durante un golpe. El protector bucal no garantiza que estas lesiones no puedan producirse, pero sí puede amortiguar el impacto y disminuir su gravedad en muchas situaciones.
Tipos de protectores bucales para niños
Existen tres tipos principales de protectores bucales infantiles:
1. Protectores bucales prefabricados: Son protectores fabricados con tamaños estándar y preparados para utilizarse directamente. Son los más económicos, pero también los que presentan más limitaciones. Al no estar adaptados específicamente a la boca del niño, pueden moverse, resultar incómodos o dificultar el habla y la respiración. Si el niño tiene que mantener continuamente la boca cerrada para evitar que el protector se desplace, probablemente el ajuste no sea adecuado.
2. Protectores termoadaptables: Son modelos que pueden moldearse utilizando calor. Por lo general, se introducen durante unos segundos en agua caliente para ablandar el material y después se adaptan a la boca siguiendo las instrucciones del fabricante. Ofrecen un ajuste mejor que los protectores completamente prefabricados. No obstante, la adaptación dependerá mucho de cómo se realice el proceso y de las características de la dentición del niño. Asimismo, durante la infancia los dientes están continuamente cambiando de posición debido al crecimiento y al recambio dental.
3. Protectores bucales personalizados: Los protectores personalizados se elaboran específicamente para la boca del paciente. El odontólogo obtiene previamente la información necesaria sobre la dentición para fabricar un dispositivo adaptado a su anatomía. Su principal ventaja es precisamente el ajuste. Un protector correctamente adaptado permanece estable, resulta más cómodo y permite respirar y hablar con mayor facilidad durante la actividad deportiva. En niños que practican deporte regularmente o que presentan un riesgo elevado de traumatismo dental puede ser una opción especialmente interesante.
Además de resistente, un buen protector bucal también debe ser cómodo. Si el niño siente demasiadas molestias, probablemente acabará utilizándolo cada vez menos. Un buen protector debería permanecer estable sobre los dientes sin que el niño tenga que sujetarlo continuamente mordiendo. También debe permitir una respiración adecuada y no dificultar excesivamente el habla. El material debe ser suficientemente resistente para absorber los impactos pero mantener cierto grado de flexibilidad. Finalmente, debe cubrir correctamente las piezas dentales que se pretende proteger. El tamaño y el ajuste son especialmente importantes durante las etapas de crecimiento.
¿Cuánto tiempo duran los protectores bucales y cómo se limpian?
Generalmente, los protectores conservados correctamente pueden durar mucho tiempo en pacientes adultos. Ahora bien, en los niños la situación es diferente. La boca está en pleno crecimiento y durante varios años se produce el recambio progresivo de los dientes de leche por los dientes permanentes. Por esta razón, un protector que encajaba correctamente hace unos meses puede dejar de hacerlo. Conviene revisar periódicamente su ajuste y sustituirlo cuando se haya quedado pequeño, se haya deformado o esté deteriorado. También será necesario revisarlo si se han producido cambios importantes en la dentición o si el niño inicia un tratamiento de ortodoncia.
Además, es fundamental limpiar y conservar correctamente el protector bucal, ya que permanece en contacto directo con los dientes y la saliva durante su uso. Después de utilizarlo, conviene aclararlo con agua y limpiarlo siguiendo las recomendaciones específicas del fabricante. A continuación, debe dejarse secar completamente antes de guardarlo en una caja adecuada, preferiblemente ventilada, que lo proteja de golpes, suciedad y posibles contaminaciones. También es importante evitar exponerlo a temperaturas elevadas, ya que algunos materiales pueden deformarse con el calor. Antes de cada uso, se recomienda revisar su estado y comprobar que no presenta roturas, zonas excesivamente desgastadas o cambios importantes en su forma. Si se detecta alguno de estos signos, lo más recomendable es sustituirlo por uno nuevo.
Protectores bucales infantiles: ¿Cuándo consultar al odontopediatra?
Si vuestro hijo practica regularmente un deporte de contacto o una actividad con riesgo de caídas, podéis consultar con el odontopediatra sobre la conveniencia de utilizar un protector bucal. También resulta especialmente recomendable realizar una valoración cuando el niño lleva ortodoncia, presenta dientes anteriores muy adelantados, ha sufrido anteriormente un traumatismo dental o practica deporte de manera frecuente o competitiva. En Clínica Dental Praxis, en Bargas (Toledo), podemos valorar la dentición del niño y aconsejar a cada familia sobre las medidas de prevención más adecuadas. La prevención durante la infancia puede evitar tratamientos mucho más complejos en el futuro. Proteger la sonrisa de nuestros hijos mientras juegan y practican deporte es una medida sencilla que puede marcar una gran diferencia cuando se produce un accidente.