La erosión dental en los niños

Erosión dental infantil: cómo detectarla, prevenirla y cuidar su sonrisa


Cuando pensamos en los principales problemas bucodentales de los niños, normalmente la caries es el primero que nos viene a la cabeza. Sin embargo, existen otras alteraciones capaces de debilitar progresivamente sus dientes. Una de ellas es la erosión dental infantil, un desgaste químico del esmalte producido por el contacto frecuente con sustancias ácidas. Los ácidos pueden proceder de determinados alimentos y bebidas, pero también del propio organismo (como ocurre en los niños que padecen reflujo gastroesofágico o vómitos recurrentes). Cuando estas sustancias entran en contacto con los dientes, el esmalte se reblandece y va perdiendo parte de sus minerales. Si esta situación se repite con frecuencia y no se adoptan medidas preventivas, el desgaste puede avanzar hasta afectar a las capas internas del diente. La erosión dental puede aparecer tanto en los dientes de leche como en los definitivos. Además, el esmalte perdido no se regenera de forma natural, por lo que detectar el problema durante sus primeras etapas resulta fundamental. Una revisión con el odontopediatra permite identificar los signos iniciales, conocer su causa y establecer las medidas necesarias para frenar su evolución. En este artículo explicamos qué es la erosión dental en los niños, cuáles son sus causas más habituales, cómo reconocerla y qué pueden hacer las familias para proteger la sonrisa de sus hijos.

¿Qué es la erosión dental infantil y en qué se diferencia de la caries?


La erosión dental es la pérdida progresiva de la superficie del diente por la acción directa de los ácidos. Estos ácidos disuelven lentamente los minerales del esmalte, que es la capa externa y protectora de las piezas dentales. Aunque puede confundirse con la caries, no se trata del mismo problema. La caries está relacionada principalmente con las bacterias de la placa dental. Estas bacterias utilizan los azúcares de los alimentos y producen ácidos que terminan dañando el esmalte. Por el contrario, en la erosión el desgaste no necesita la intervención directa de bacterias: se produce cuando los dientes entran en contacto repetidamente con ácidos procedentes de la dieta o del estómago. También es importante distinguir la erosión de otros tipos de desgaste. La abrasión puede aparecer debido a un cepillado demasiado fuerte o al uso de productos muy abrasivos, mientras que la atrición se relaciona con el contacto entre unos dientes y otros, como sucede en algunos casos de bruxismo. No obstante, estos procesos pueden combinarse. Por ejemplo, un esmalte previamente reblandecido por una bebida ácida puede desgastarse con mayor facilidad al cepillarlo con demasiada fuerza. En los niños, la erosión merece una atención especial porque los dientes temporales tienen una capa de esmalte más fina que los dientes definitivos. Por este motivo, el desgaste puede progresar con mayor rapidez en la dentición de leche. Esto no significa que los dientes definitivos estén libres de riesgo, especialmente cuando el consumo frecuente de refrescos, bebidas deportivas o zumos se mantiene durante la infancia y la adolescencia.

Principales causas de la erosión dental en los niños


Las causas de la erosión dental infantil se dividen principalmente en dos grupos: los ácidos externos, que proceden de la alimentación o de ciertos productos, y los ácidos internos, que llegan a la boca desde el estómago. Entre las causas externas destacan los refrescos, las bebidas energéticas y deportivas, los zumos, los batidos de frutas, las bebidas con sabor a limón y algunas infusiones frutales. Incluso los refrescos sin azúcar pueden resultar perjudiciales, ya que la ausencia de azúcar no significa que una bebida no sea ácida. El problema no depende únicamente de la cantidad consumida, sino también de la frecuencia y de la forma de beber. Tomar una bebida ácida de manera ocasional y junto a una comida no tiene el mismo efecto que beber pequeños sorbos durante toda la tarde. Cada exposición genera un nuevo ataque ácido y la saliva necesita tiempo para neutralizarlo. Mantener el líquido en la boca, hacer buches o beber lentamente prolonga todavía más el contacto con los dientes. Algunos alimentos saludables, como los cítricos, también contienen ácidos. Esto no significa que deban eliminarse de la alimentación infantil. La fruta es importante dentro de una dieta equilibrada. Lo recomendable es evitar un consumo ácido continuo entre horas y priorizar la fruta entera frente a los zumos, ya que además aporta fibra y requiere masticación. En cuanto a las causas internas, una de las más frecuentes es el reflujo gastroesofágico. En estos casos, el contenido ácido del estómago asciende y puede llegar hasta la boca, especialmente durante la noche. Los vómitos recurrentes asociados a enfermedades, determinados tratamientos o trastornos de la conducta alimentaria también pueden provocar un desgaste importante. La sequedad bucal incrementa el riesgo porque la saliva ayuda a diluir los ácidos, neutralizarlos y favorecer la remineralización del esmalte. Algunos medicamentos, la respiración bucal, una hidratación insuficiente o ciertas enfermedades pueden reducir el flujo salival. Cuando hay poca saliva, los dientes permanecen desprotegidos durante más tiempo.

Erosión dental en niños: señales que pueden alertar a las familias


La erosión dental suele comenzar de forma silenciosa. Durante sus primeras etapas, el niño puede no sentir dolor ni mostrar molestias evidentes. Por ello, muchas veces el desgaste se descubre durante una revisión odontopediátrica rutinaria. Uno de los primeros signos es la pérdida del aspecto natural del esmalte. Los dientes pueden verse excesivamente lisos, brillantes o redondeados. Con el paso del tiempo, los bordes de los incisivos pueden parecer más finos, transparentes o irregulares. En las muelas también pueden aparecer pequeñas depresiones en las superficies utilizadas para masticar. Otro signo frecuente es el cambio de color. Al disminuir el grosor del esmalte, comienza a transparentarse la dentina, que tiene un tono más amarillento. Por este motivo, unos dientes cada vez más amarillos no siempre indican falta de higiene. En ocasiones, pueden ser una señal de desgaste. La sensibilidad dental también debe llamar la atención. El niño puede quejarse al tomar alimentos fríos, calientes, dulces o ácidos. En casos avanzados, puede sentir molestias durante el cepillado o incluso al respirar aire frío. Algunos pequeños no saben describir la sensibilidad y simplemente dejan de comer ciertos alimentos o mastican siempre por el mismo lado. Las familias también deben observar si los empastes parecen sobresalir respecto al resto del diente. Los materiales restauradores no se erosionan igual que el esmalte, por lo que pueden quedar elevados cuando el tejido dental circundante se desgasta. Ante cualquiera de estas señales, es recomendable solicitar una valoración profesional. Cuanto antes se detecte la erosión, más sencillo será controlar su causa y evitar tratamientos complejos. No conviene esperar a que aparezca dolor, ya que este suele indicar que el desgaste ha alcanzado una etapa más avanzada.

Cómo prevenir la erosión dental desde casa


La prevención se basa en reducir la frecuencia de los ataques ácidos y ayudar al esmalte a recuperar sus minerales. Para empezar, el agua debe ser la bebida habitual de los niños entre las comidas. La leche también presenta un bajo potencial erosivo y puede formar parte de su alimentación, siempre que se adapte a su edad y necesidades nutricionales. Los zumos, refrescos y bebidas deportivas deberían reservarse para ocasiones puntuales. Cuando se consuman, es preferible hacerlo junto a una comida y beberlos sin mantenerlos en la boca. Aunque una pajita puede disminuir parcialmente el contacto con los dientes si se coloca hacia la parte posterior de la boca, la medida más eficaz continúa siendo reducir la frecuencia de estas bebidas. Después de tomar algo ácido, puede ser útil beber agua o enjuagarse suavemente la boca. Sin embargo, no es aconsejable cepillar los dientes de inmediato. En ese momento, el esmalte se encuentra temporalmente reblandecido y la fricción puede aumentar el desgaste. Es preferible dejar pasar un tiempo antes del cepillado. Los niños deben cepillarse dos veces al día con una pasta dentífrica fluorada adecuada para su edad. El flúor fortalece el esmalte y favorece su remineralización. Tras el cepillado, conviene escupir el exceso de pasta sin enjuagarse abundantemente con agua, para que el flúor permanezca durante más tiempo sobre los dientes. También es importante utilizar un cepillo de tamaño infantil y realizar movimientos suaves, sin ejercer una presión excesiva. Los padres deben ayudar o supervisar el cepillado mientras el niño no tenga la habilidad suficiente para limpiar correctamente todas las superficies. Cuando existan vómitos o reflujo, no se debe cepillar la boca inmediatamente después del episodio. El niño puede enjuagarse con agua y esperar antes de realizar la higiene. Además, es imprescindible consultar con el pediatra para tratar la causa médica, ya que proteger los dientes sin controlar el origen del ácido no suele ser suficiente.

Diagnóstico y tratamiento de la erosión dental infantil


El odontopediatra diagnostica la erosión examinando la forma, el color y la superficie de los dientes. También pregunta por la dieta, los hábitos de bebida, la higiene oral, la medicación y posibles síntomas digestivos. En algunos casos, puede resultar útil llevar durante varios días un registro de todo lo que el niño come y bebe para detectar exposiciones ácidas que pasan desapercibidas. El tratamiento dependerá de la intensidad del desgaste y de su causa. En fases iniciales, el objetivo principal es detener la progresión. El profesional puede recomendar cambios dietéticos, mejorar la técnica de cepillado y aplicar productos con flúor para reforzar el esmalte. También puede indicar una pasta específica o un tratamiento remineralizante según la edad y el riesgo individual. Si existe sensibilidad, pueden utilizarse productos destinados a bloquear los estímulos que llegan a la dentina. Cuando la erosión ha provocado una pérdida considerable de tejido dental, puede ser necesario reconstruir las piezas con materiales restauradores. En situaciones más avanzadas, el tratamiento debe recuperar la forma del diente, protegerlo y mantener una mordida adecuada. Las revisiones periódicas son esenciales para comprobar si el desgaste se ha estabilizado. El odontopediatra puede comparar fotografías, modelos o registros clínicos y adaptar las recomendaciones a la evolución del niño. La erosión dental no debe considerarse únicamente un problema estético. Si avanza, puede causar sensibilidad, dolor, fracturas, dificultades para masticar y alteraciones en la mordida. Sin embargo, con un diagnóstico precoz, hábitos adecuados y seguimiento profesional, es posible frenar el desgaste y conservar los dientes en buenas condiciones.

En Clínica Praxis Dental Toledo recomendamos no esperar a que el niño manifieste molestias. Las revisiones preventivas permiten detectar cambios muy pequeños y actuar antes de que el esmalte sufra daños importantes. Proteger los dientes frente a los ácidos durante la infancia es una inversión en su salud bucodental presente y futura.

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